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Pareciera que
allí no se fabrican automóviles sino, quien sabe, finísimos
zapatos italianos de esos que uno usaría encantado para beber la
más sublime champaña en compañía de la mujer amada.
Pero no dejemos que el romanticismo nos saque de contexto, algo
nada difícil cuando uno se ocupa de automóviles de tamaña
sofisticación. Y es que estamos hablando de un automóvil al que
han asignado la atrevida tarea de capturar toda la esencia de una
marca de tantos quilates como Bentley. Logra ser superlativamente
elegante, pero conserva una evidente personalidad deportiva.
Ostenta un desempeño de enormes proporciones, pero se destaca por
la suntuosidad de su espacio interior, donde conviven
maravillosamente los acabados más elaborados, con los avances
tecnológicos más modernos. Para citar solo un ejemplo, al lado del
sistema de navegación por GPS de última generación, están las
válvulas de los ductos y salidas del sistema de climatización, que
son simples botones de meter y sacar, como en los viejos tiempos,
pero de una suavidad y elegancia que, no por ser muy sencillas,
dejan de llamar poderosamente la atención. Igual sucede con la
costura impecable del cuero con que han recubierto el timón, los
detalles de madera en el tablero, la tapicería en el más fino
cuero de todo el automóvil, la pintura, en nuestro caso de dos
tonos, en fin, todos los detalles, logrados con maestría de verdade ros artesanos, haciendo uso de los materiales más
refinados. El evento de lanzamiento fue extraordinario, como no podría ser de
otra manera tratándose de Bentley. Invitaron a un grupo limitado
de periodistas, de varias nacionalidades, y nos alojaron en
Archerfield Lines, una mansión recién restaurada, 45 minutos al
este de Edinburgo, que a pesar de hacer sus veces, no es un hotel.
Es una mansión privada, donde a uno le asignan un cuarto, como en
una casa de familia, con cocina, sala, comedor, biblioteca, en
fin, y además rodeada por hermosos paisajes y canchas de golf, a
pocos metros del Mar del Norte. Al día siguiente, después del
desayuno, salimos a conducir el auto por la ruta que bordea el mar
y conduce luego hacia el sur, con destino a Newcastle, ya en
Inglaterra. Tuve la suerte de compartir la aventura con un colega
escocés, que no solo conocía a la perfección la geografía y la
meteorología locales, sino que además estaba acostumbrado a
manejar con el timón a la derecha, del lado izquierdo de la vía.
Mientras él conducía, yo aproveché para dejarme deslumbrar hasta
el extremo por los detalles del auto, la luminosidad y elegancia
del tablero de instrumentos, los finos acabados de todo, la
comodidad de su espacio interior, adelante, y especialmente atrás,
el sistema de audio, cada uno de los detalles, que merecería sin
duda una crónica aparte. |