Porsche Panamera: No se pueda pedir más.
por Jaime Flórez

La industria automotriz está atravesando probablemente los mejores días de su historia. Quedó atrás el desasosiego de los años críticos, nuevas alternativas eléctricas y de otros combustibles ya se abren camino, hay prácticamente un tipo de vehículo para cada interés, desde los utilitarios deportivos grandes hasta los autos compactos, pasando por los crossovers, los convertibles, los deportivos de alto desempeño, en fin, quien quiera hoy comprarse un auto, con toda seguridad va a encontrar uno que le venga como anillo al dedo.

Podríamos decir, inclusive, que los autos de mala calidad son cosa del pasado. Los habrá mejores, de más prestigio, más sofisticados que otros, pero malos ya no hay. De manera que el problema ahora no radica en mantenerse lejos de los de baja calidad, que prácticamente ya no existen, sino escoger entre los buenos cuáles son realmente los mejores. Y es justamente en esa casilla que se ubica el auto que hemos tenido oportunidad de conducir por estos días, nada menos que el despampanante Porsche Panamera GTS.

La tradicional marca alemana, que lleva por nombre el apellido del célebre Ferdinand Porsche, creador entre otras maravillas del inmortal escarabajo clásico de Volkswagen, tuvo que enfrentar en años recientes y en dos oportunidades, el inconformismo de algunos de sus fanáticos más cercanos. Primero, cuando decidieron lanzar un utilitario deportivo, el Cayenne. Los puristas pusieron el grito en el cielo y alcanzaron a comparar el hecho con el puro sacrilegio. De dónde, decían ellos, saca Porsche la idea de lanzar al mercado un auto familiar, casi que para señoras, justo ellos, que conquistaron ampliamente el mercado de los autos deportivos con algunos de los bólidos callejeros más apreciados del mundo.

La segunda situación aparece con la firma alemana mejor preparada, pero de todas maneras con algo de ruido. No era concebible, insistían los fanáticos, que ahora, después de la camioneta, saliera Porsche con el cometido de poner en el mercado nada menos que un sedán de cuatro puertas, el Panamera. Pero lo hicieron, siguiendo de alguna forma el paso de Maserati, que ya había lanzado con éxito el Quattroporte. Buscaba la firma alemana con este modelo, atraer a los compradores que siguen interesados en el desempeño, la energía y la garra que son inherentes al emblema de Porsche, pero en una carrocería que se adaptara de mejor manera a su nuevo estilo de vida. Dicho de otra forma, un Porsche para los jóvenes que ya entraron en una edad más madura, que tienen familia e hijos, participan de actividades sociales ya no exclusivamente en pareja. En fin, necesitan un auto para más de dos personas.



Y a fe que el Panamera logra ese cometido con banderas desplegadas. No hay nada ni en la apariencia, ni en el comportamiento del auto que no sea inequívocamente deportivo, con plena identidad Porsche. Pero al mismo tiempo, aporta el lujo, el confort, el prestigio y la sofisticación del más lujoso de los sedanes. El Panamera deriva su nombre de la legendaria Carrera Panamericana, que se corrió en México en la década de los 50, atravesando el país de norte a sur, en cinco etapas y a lo largo de más de dos mil millas. El que tuvimos oportunidad de conducir viene con un motor V8 de 4.8 litros que desarrolla 430 caballos de potencia y 384 libras de torsión. La transmisión es automática, de siete velocidades y con el embrague Doppelkupplung, un nombre casi impronunciable que por fortuna los alemanes abrevian con las letras DPK y que no es otra cosa que un sistema doble de embragues, que permite una impecable operación automática de una caja manual. Además, el Panamera viene equipado con tracción integral activa en las cuatro ruedas, frenos ABS con enormes discos y mordazas de 6 pistones adelante y 4 atrás, y el reconocido sistema Porsche de manejo de estabilidad.

No hay aditamento de lujo que el Panamera GTS no traiga. Bastaría con decir que el precio del modelo básico comienza en los $111 mil dólares y el que manejamos superó los $145,500. Es decir, solo en equipo opcional eran más de 34 mil dólares, dinero suficiente como para comprarse un sedán mediano, con motor V6 y muy generosamente equipado. Pero nada como el Porsche Panamera, un automóvil capaz de convertir todos los días de la semana en domingos especiales, dueño de una versatilidad incomparable, que le permite ser el auto familiar para llevar las niñas a la escuela, el auto emocionante para disfrutar camino del trabajo, el auto elegante para salir a almorzar con la gente de la oficina y el auto para impresionar cuando se sale de noche.
 
Porsche Panamera, fabricado en Leipzig, Alemania, 16 millas por galón en la ciudad, 23 millas por galón en la autopista, 4 años 0 50 mil millas de garantía y probablemente el sedán deportivo más envidiable del mercado.